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No queda nadie en este salón que no tenga claro que siempre uno tiene que hacer lo que le gusta. Tanto si se persigue la excelencia profesional o la paz interior, uno siempre debe hacer lo que el cuerpo le pide, en contra de la demanda. La vida es corta y la juventud profesional es muy efímera.

Este último año me he querido desprender de la profesión que me ha dado de comer desde hace 7 años: maquetador (desarrollador front-end, de interfaces de usuario, etc.). Durante estos años, he visto a muchos compañeros cambiar de profesión dando saltos de gran distancia: de programador a jefazo, de comercial a community manager, de responsable de logística a consultor de negocios online, etc. Mientras, mi profesión me iba agobiando cada día más.

Mi carrera profesional en Barcelona

Softonic

Softonic

En el entonces equipo de web designers de Softonic (gente cojonuda y con talento), me instruí en una empresa donde, el día de la entrevista, revelé que no iba a permanecer mucho tiempo ahí. Pero confiaron en mí (prueba de que la honestidad te lleva adonde quieras) y recibí mucho más conocimiento del que aporté. De estar vendiendo webs en la calle pasé a estar en una multinacional donde el nivel técnico y una laxa y estricta filosofía de trabajo me desbordaron.

Tampoco me gustó (y sin duda que esto le va a llegar a Emilio o María) algo que va dejando una espina en muchos de los que nos hemos marchado: el trato al personal. Es prácticamente impecable. Al empleado se le masajea en sentido figurado y literal excepto en un momento del año: las evaluaciones. En una  reunión se puede llegar a desmoralizar a un trabajador hasta conseguir que no quiera volver al día siguiente. Supongo que tantas comodidades requieren un tirón de orejas si te acomodas a tanta libertad de movimiento, pero mi primera evaluación fue muy dura, o yo demasiado débil.

Y justo cuando ya mi relación con Softonic se había enfriado, Roxana me abrió las puertas de Letsbonus.

Letsbonus

Letsbonus

Aquí fue donde realmente me lo pasé bien. No tenía masajista, ni futbolín (al final, lo tuvimos), ni beneficios sociales. A pesar del impecable nivel de Softonic y lo que supone para una trayectoria profesional, no hay nada más excitante para un desarrollador que una empresa donde todo está por hacer. Y en Letsbonus había más trabajo, más dinero y poco tiempo.

Letsbonus en 2011 era lo opuesto a Softonic. Donde en Softonic había un suave trato personal, y una discreción absoluta, en Letsbonus era todo frontal y sin medias tintas. Mi entrevista con la directora de RRHH, Nuria Gantes, la recuerdo con entusiasmo. Teníamos poco tiempo el uno para el otro. Era arriesgado cambiar Softonic por una empresa desconocida como Letsbonus, así que le pregunté directamente qué era lo malo de trabajar allí. Me respondió con la contundencia que esperaba: “aquí se trabaja mucho, no te voy a engañar”. Mi cabeza lo procesó como “vas a hacer más horas que un reloj”. Pero el lugar y la gente me parecieron muy auténticos. Y acerté.

En Letsbonus se respiraba la agitación propia de una empresa de fuerte crecimiento en poco tiempo, es decir, mucha presión y estrés que nadie quería disimular. Encontré el lugar perfecto para mí en una empresa donde, el que tenía un mal día, te lo iba a hacer saber. Y, cuando se conseguía un éxito, se celebraba con una grande pero breve intensidad (al minuto de estar celebrando algo, había que sentarse porque no teníamos tiempo para celebraciones).

Durante un año y medio vi llantos, carcajadas, gritos, grandes silencios y jefazas que, más que caminar con celeridad, galopaban; y tampoco tenían tiempo para nadie. Las emociones fueron tan intensas como el trabajo y el horario, y los compañeros, a pesar de la rotación, éramos una piña. Nos enfrentábamos a nuestros jefes con un atrevimiento inimaginable en mi anterior empresa. La diferencia entre las dos era tan grande que nunca pude evitar las comparaciones.

Todo en Letsbonus ha sido agridulce. Nadie se ha marchado de allí con sentimiento de indiferencia. Y en una empresa tan emotiva y visceral, encajé muy bien. Supe aprovechar los defectos y convertirlos en ventajas. Donde en Softonic tenía miedo a las reuniones con mis jefes, en Letsbonus pude ser yo mismo y ser igual o más duro con mis jefes si me sentía tratado injustamente.

El resumen resulta evidente: Letsbonus fue un gran acierto. Allí hice los mejores contactos y amistades profesionales y he encontrado a alguno de mis mejores amigos en Letsbonus.

Por qué me harté de mi profesión

HTML y CSS

Me encantaba desarrollar mis webs. Desde el primer día en que descargué una web en mi escritorio, abrí el HTML y vi cómo cambiando una palabra en ese código, se reflejaba el cambio al abrir ese HTML en el navegador, para mi sorpresa (mi reacción fue como si se me hubiese aparecido La Dolorosa). El estricto y ordenado documento sobre el HTML de Daniel Clemente (un documento de 2004 aún recomendado en 2014 para quien desee aprender HTML) me empujó a esta profesión. Desde ese día hasta que me pagaron por primera vez por hacer una web, pasó mucho tiempo en el que aprendí sin cansarme, porque me encantaba. Era creativo, inspirador y, entonces, infinito. Y la llegada gradual de CSS3 avivó aún más mi interés por la profesión.

Artdeco.es (2005)

Mi primera web personal y portafolio como freelance en 2005.

Javascript

Siempre me interesó el lado semántico y estético, nunca el puramente técnico. Nunca supe entender ni una línea de Javascript. Encontraba lógica en el marcado HTML y el estilo CSS, pero Javascript es un lenguaje de programación y yo, aunque esté en este terreno, soy de letras. Y no es compatible leer Vanity Fair con saber Javascript (toma frase).

Internet Explorer

Puedo decir que nunca me dio la gana desarrollar para Internet Explorer. He sobrevivido en esta profesión sin apenas invertir tiempo en un navegador que sólo ha provocado problemas al gremio, a pesar de más de un enfrentamiento, incluso con compañeros de profesión, que me decían eso de “es lo que hay y tienes que adaptarte”.

Internet Explorer 6/11

Excremento tecnológico. Es el calificativo al que reduzco este tropiezo en la historia de Internet.

Siempre antepuse los estándares web en los que he creído (y creo) con toda mi buena fe y ya venía con esta lección aprendida de casa al mundo de la empresa y nadie me iba a desmontar la idea. Ya me podían llamar cerrado (que me lo llamaron), pero no iba a dedicar mi corta vida a aprender a hacer las cosas mal sólo porque en Microsoft no querían hacer bien su trabajo. Y nadie tendría que haberle prestado nunca atención, porque Microsoft jamás va a devolver el tiempo y dolores de cabeza que el mundo del desarrollo ha perdido por su culpa.

E-mail marketing

En Softonic me formé en el mundo del desarrollo de e-mails con la ayuda y (bendita) paciencia de Patxi. Y en Letsbonus tuve que poner en práctica este concepto y dedicarle incontables horas de perfeccionamiento a otro mundo perturbado, de nuevo, por Microsoft: su “bendito” Outlook (otro excremento tecnológico) sólo ayuda a complicarlo todo.

Outlook 2000 vs Outlook 2007

Mismo email en Outlook 2000 (izquierda) y Outlook 2007 (derecha).

Estar en medio de la ineptitud de Microsoft y las exigencias lógicas del departamento de Marketing, producía más estrés que satisfacciones. En algún momento llegué a apreciar esa tarea y la perfeccioné. Pero, para el día en que me hice muy bueno en ese trabajo, me había agotado y aburrido. Y aprovechando una coyuntura, me marché de Letsbonus.

“El futuro es móvil”

Después de los años que costó incorporar CSS3 al desarrollo por culpa de un mal navegador, cuando ya podía empezar a aplicar los conocimientos de CSS3 que pude adquirir en mi escaso tiempo libre y para cuando me había deshecho del desarrollo de e-mails, Internet tenía un nuevo cliente: los teléfonos móviles. Ahora, la moda (que aún algunos llaman “futuro”) era bailarle el agua a la fiesta del capitalismo salvaje que montó Apple, seguida de Google.

Iphone 5s Gold

Cómprate uno nuevo cada año. Ya sabes: “el futuro es móvil”. ¡Y no te quieres quedar en el pasado!

Pensé que ya era lo que me faltaba. 5 años en Internet son muchos años y no iba a estar otros 5 adaptándome a lo que decidiesen un par de multinacionales con sus “revoluciones” tecnológicas.

Y llegó WordPress

Paralelamente a esta historia, llegó WordPress. Vi en él una herramienta potente y con mucho futuro en la que decidí apostar muchas horas de conocimiento y, por suerte, no me equivoqué. Fue tiempo bien invertido y aún hoy sigo invirtiendo en WordPress. Lejos de ser una moda, siempre me ha parecido un invento realmente útil a la tecnología. El valor que aporta Internet para mí es el contenido, el acceso a la información.

Wordpress Logo

Mi salvavidas en Internet. Qué haría yo sin WordPress.

En 2014, 8 años después de mi primer desarrollo WordPress, sigo divirtiéndome en ello, y me sigue apeteciendo enrolarme en las actualizaciones de WordPress. La gente viene a mí cuando tiene una duda sobre WordPress. Me toman en consideración, y es tremendamente gratificante. Las horas de más nunca están de más para mí. Y será la herramienta con la que trabaje hasta que me jubile del mundo tecnológico.

Y el SEO… Y el social media

Por supuesto, todo el contenido que se pone en marcha en WordPress hay que saber difundirlo. Es parte del proyecto y es, quizá, lo más divertido para mí. Me lo paso bien no sólo montando este blog, sino escribiendo (como ahora mismo), ideando maneras de hacerlo atractivo y ameno, pensando en cómo clasificar bien este contenido en Google y cómo lo moveré después a través de Twitter, Google Plus y Linkedin con Buffer.

Ha sido un proceso lento donde he ido aprendiendo cosas en mis propios proyectos y tropezando con gente como Javier Callón y Edu Garolera (en Softonic) y Eduard Maeso y Víctor Pérez (en LetsBonus) en términos de SEO. También al lado de Esther López (en Softonic) y Mireia Mateu y Maricarmen Chirinos (en LetsBonus) he tenido contacto con el mundo profesional del social media. Una suerte tropezar con todos ellos.

El cambio de profesión

Todos estos últimos conocimientos los he ido aprendiendo a la vez que he aprendido a ser desarrollador, durante años. Sin carreras universitarias. No es el mejor camino (siempre es preferible tener formación), pero es un camino. Donde más he aprendido ha sido por mi cuenta y así sigue siendo hoy en día.

La salida de Letsbonus en verano de 2012 me permitió desconectar de esa etapa tan intensa y reflexionar con tranquilidad. Esto es importante: enlazar un trabajo con otro después de cierto tiempo no es una buena idea, sobre todo si uno no tiene claras sus aspiraciones profesionales. Este tiempo en el que he retomado mis aspiraciones de freelance me ha servido para retomar mi relación con WordPress. Y he decidido replantear las aspiraciones profesionales que tenía en mi anterior etapa como freelance teniendo en cuenta los conocimientos que más me gusta poner en práctica.

Pero uno no puede, de la noche a la mañana, transformar su profesión por arte de magia. He seguido varios pasos:

Crear un portafolio

Hay que justificar ante el mundo profesional esta nueva orientación. Para eso, he replanteado mi currículum y he ido desarrollando varios proyectos para presentar en mi portafolio hasta tener algo mínimamente consistente.

Utilizar mi blog

He utilizado este mismo blog para ir escribiendo todo lo aprendido y poner en orden mis conocimientos. Tampoco he desaprovechado la oportunidad de explicar en público de qué va mi nuevo título profesional.

Reciclarse en Linkedin

Linkedin es el gran escaparate y el principal, de hecho, a la hora de ofrecer información profesional sobre uno mismo. Lo he depurado y aprovechado al máximo y he sacado partido a la sección “Aptitudes y conocimientos”.

Anteriormente, esta sección estaba colmada por las etiquetas CSS, CSS3, HTML5 y XHTML. Las aptitudes que me encasillaban como maquetador. ¿Cómo lo solucioné? Haciéndolas “desaparecer”:

Aptitudes y conocimientos en Linkedin

Aptitudes y conocimientos en Linkedin.

Para reforzar las etiquetas “WordPress”, “SEO” y “Social Media” en mi perfil, e incorporar otras nuevas (“Social Media Blogging” y “Social Media Integration”), envié un mensaje a un grupo seleccionado de contactos invitándoles a adjudicarme estas nuevas aptitudes si lo veían conveniente.

Por otro lado, tenía que hacer “desaparecer” (sin llegar a eliminar, porque también han formado parte de mi carrera) las aptitudes de HTML y CSS. Para eso, hay que editar esta sección del perfil y seleccionar “Administrar aptitudes”. Ahí seleccionamos la aptitud que deseamos y desmarcamos “Mostrar/ocultar todas las validaciones”:

Editando las aptitudes y conocimientos en Linkedin

Editando las aptitudes y conocimientos en Linkedin.

De esta manera, el número de validaciones recibidas en esa aptitud permanece, pero se queda sin visibilidad sobre las nuevas aptitudes.

Es extraña la sensación de escribir todo esto sabiendo que, antes o después (espero que más pronto que tarde), aparcaré todo este aprendizaje para dedicarme a otros asuntos. De una manera u otra, estoy admitiendo que nunca aspiraré a ser el mejor en esta profesión. Para algunos estoy perdiendo el tiempo. Y seguramente tienen razón.

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Posted by Hans Christian

Freelance , & en Barcelona, especializado en proyectos de contenidos. Imparto cursos de WordPress. Currículum.