Ahora sí: ya no me queda ninguna «red social». Nunca tuve Facebook, Linkedin no me sirvió de nada y hoy me despido de Twitter tras más de 10 años.

Hace un mes discutí con un usuario argentino e independentista catalán; le dije que, para el resto de indepes catalanes, él sólo sería un sudaca y charnego. Empleé esas palabras.

A los pocos días, Twitter intervino mi cuenta bloqueándola aduciendo que ese tuit en concreto violaba las normas incitando al odio, la violencia y no sé qué más. A cambio de restablecer mi cuenta, me pedían que borrase ese tuit. Me negué.

Huelga decir que, si fuesen así de estrictos con cada usuario, empezado por Donald Trump, Twitter estaría prácticamente vacío.

Escribí decenas de mensajes al soporte de Twitter. Escribí a @Jack (el fundador) a su correo personal. Jamás me respondieron, salvo para enviar respuestas automatizadas. No les importó que llevase 10 años en Twitter, ni que haya invertido mucho tiempo y dinero en su empresa. No dedicaron ni un segundo al caso.

Hoy decidí cambiar mi postura: borraría ese tuit. Y, de paso, mis 50.000 tuits anteriores. Sólo echaré de menos a @KevinMcCal y revivir ‘Solo en casa’ cada navidad (@HATProject).

El ocaso de Twitter

A diferencia de Google, en Twitter jamás tuvieron en cuenta a sus usuarios. Cuando se pidió algo, lo desoyeron. Cuando los usuarios se alzaron en contra de los 280 caracteres, actuaron en contra.

En los últimos años, no hizo más que perder usuarios (2 millones en un trimestre). Y las acciones de la empresa se desplomaron en 2 años. Por si fuera poco, cuando grandes empresas como Google o The Walt Disney Company acudieron al rescate, se echaron para atrás. No habla bien de Twitter como empresa que nadie quiera comprarles.

No cambiaron el diseño de su portada en casi 4 años, perdieron millones de usuarios en su último periodo, dejaron de lado a sus usuarios, aplicaron una censura arbitraria y desconsiderada, obligaron a consumir un timeline infumable de 280 caracteres por mensaje y, por si fuera poco, la quinta parte del valor de la empresa depende de Donald Trump.

Con este escenario, Twitter perdió cualquier gracia.

¿Hay vida después de Twitter?

¿Qué mejor que controlar uno su propio contenido? No hay nada más democrático que los buscadores. Google, DuckDuckGo y cualquier buscador serán siempre imprescindibles.

En una página en un dominio propio, como este, uno siempre tendrá el control de todo. La cantidad de visitas que Facebook, Twitter o Linkedin traen a otras webs es insignificante al lado de Google, por mucho que cualquier fantasma del mundo del «social media» diga lo contrario. Basta echar un vistazo a Google Analytics en cualquier web para saber que, al final, Google es el principal proveedor de usuarios en Occidente.

Los medios de comunicación, por otra parte, magnifican el uso de Twitter. La gente que trabaja en medios de comunicación usa Twitter para satisfacer su ego y constantemente se encuentran referencias a Twitter en cualquier medio porque quienes los escriben consideran que Twitter es relevante. Pero, en realidad, sus lectores no están en Twitter.

Para seguir compartiendo cosas, lo haré a través de mis webs o Pinterest.

Por supuesto que hay vida en Internet después de Twitter.

La mía empieza hoy.

Posted by Hans Christian

freelance especialista en para blogs y proyectos de contenidos.