Antes de entrar en materia, citaré una frase de Hugo:

Twitter es una gilipollez sólo si la gente a la que sigues es gilipollas.

Alto y claro.

Estoy en Twitter desde hace años, casi desde que comenzó. Son 8 años en Twitter. Desde que comenzó, he visto esta herramienta mutar hasta lo que es hoy. Y, aunque hay una mayoría silenciosa que lo utiliza de forma pasiva (los que dan razón de ser a los que somos usuarios activos), existe un grupo creciente de usuarios tóxicos.

Este artículo, que originalmente iba a convertirse en una simple lista de usuarios tóxicos (muy nazi por mi parte), ha necesitado una gran justificación para ello, teniendo que entrar necesariamente en política.

“El ascensor” visto desde fuera

El periodista argentino Jorge Lanata, que no tiene cuenta en esta red, contó en su programa de radio qué perspectiva tiene fuera de “el ascensor” (como él llama a Twitter):

Hay quienes definen a Twitter como un ascensor, como una cosa de micro clima.

Yo lo veo desde afuera: son una secta inmensa. Que logran tener una familiaridad increíble, como si se conocieran y fueran primos a lo largo de la Argentina.

Tanto en Argentina como en España existe una masa de usuarios que definiré como “tóxicos” que crean un ambiente enrarecido y hostil para usuarios que quieren participar en la discusión pública, pero que encuentran en cierta medida jerarquizada y sometida al escrutinio de un nutrido grupo de gente moralista que, de paso, carece de cualquier moral.

¿Qué es un usuario tóxico?

En Twitter, un usuario amoral que instaura una doctrina política a través de una supuesta moral. Tienen una actitud claramente agresiva, negativa y hostil hacia el pensamiento distinto.

Rasgos del usuario tóxico

Si alguien ha escuchado alguna vez aquello de que “Twitter es un nido de gente irónica”, ellos generan esa gente. Es una de sus principales características: la “ironía” constante:

Pretenden “informar” “luchando” contra las “grandes fuentes de información” (oligarquías, como lo suelen denominar), pero acaban convirtiéndose en una gran fuente de información. Pretenden denunciar la política autoritarista de derechas, pero promocionan el autoritarismo de izquierdas. Luchaban contra la propaganda mediática beneficiosa para algunos partidos, pero sólo con el fin de promocionar otros partidos.

Este último punto es tan así, que muchos de ellos militan activamente en estos partidos. Pretenden denunciar el pensamiento único, instaurando otro pensamiento único. A nivel político, también tienen unos rasgos fácilmente reconocibles que suelen compartir en su mayoría.

Su “humor”

El grupo de usuarios de esta órbita que se dedica al humor (la mayoría), maneja un humor extremadamente previsible. Tras un tiempo siguiéndoles, cuando hay un evento informativo concreto (un atentado, unas palabras desafortunadas de un político concreto… Cualquier cosa), es fácil adivinar qué mensajes van a escribir y quiénes lo van a hacer.

En España existe un grupo bastante reconocible: pretenden ser humoristas pero su humor compite con el de la puerta de los servicios de una estación de autobuses:

Esos gamberretes que, mediante un humor preadolescente, ridiculizaban a todo el que no era como ellos, aprovechando que contaban con la aprobación del resto de la clase porque, claro, ¿quién les iba a responder?

Hoy son adultos y siguen presentes en la sociedad adulta a través de Twitter. No sólo no han evolucionado, sino que han introducido la política en su discurso, convirtiéndose en el objetivo de su cruzada: expandir su línea política utilizando Twitter como medio y valiéndose de sus numerosos seguidores (el mismo tipo de personas que, de pequeños, se reían de sus intervenciones en clase), consiguen establecer un objetivo político.

Personalidad débil

Nunca resisten una crítica o una exposición a una información empírica que atenta contra “su verdad”. En una situación así, guardan silencio, muestran cierta indignación o, en el más común de los casos, llaman a sus seguidores a poner en vereda a quien se atreve a cuestionar su doctrina. Una actitud que se replica inocentemente en el aula de un colegio o instituto (que todos hemos percibido entre cierto grupo de compañeros en clase), o de una forma severa y peligrosa en sectas como el Opus Dei. En este caso, es igualmente pernicioso, ya que cuentan con un numeroso público que va asumiendo poco a poco, y con actitud pasiva, lo que estos “líderes” dictan.

Sirva como ejemplo un caso reciente. El PP de Extremadura creó un vídeo polémico, pero ciertamente simpático (muy original para la escasa habilidad que suele tener el PP para la publicidad):

Si nos vamos fijando en ciertos detalles, el PP, por primera vez, utiliza el sarcasmo enfrascado en humor, con bastante acierto, debo decir, para hacer, de paso, una bien hilada crítica a este tipo de “líderes de opinión” en Twitter. Resulta simpático porque se ríen (insisto: sorprende ver tanta creatividad al servicio del PP) de un par de exponentes de este tipo de usuario tóxico que describo: @Barbijaputa y @Gerardotc:

@Barbijaputa y @Gerardotc en el vídeo del PP de Extremadura

@Barbijaputa y @Gerardotc en el vídeo

Ambos son usuarios muy en la cuerda política de Izquierda Unida, Podemos, etc. Como “humoristas” que son, habiendo hecho gala de un supuesto dominio de la fina ironía durante años que ha atraído a tanto público, esta era la ocasión perfecta para defender con un buen ataque al que siempre han considerado como un partido político casposo (que nadie lo duda) y poco hábil para la ironía. Pero en este vídeo se encontraron con la horma de su zapato, hasta el punto en que ambos se han visto en la situación de no saber contestar:

¡Qué mala suerte! No quería “darles bombo” que, traducido, significa que no es una persona intelectualmente capaz para hacer frente a una crítica humorística de nivel principiante. Por su parte, Gerardo Tecé utilizó su púlpito en La Marea (junto con Eldiario.es, es una especie de L’Osservatore Romano de toda esta gente) para responder, bastante serio y sin ganas de ser sarcástico, al PP. Un artículo pataleta donde mostraba cómo su honor había sido mancillado con las mismas artes que él despliega día a día contra el PP.

Es un ejemplo de los montones que existen, donde se puede ver que, en el momento crucial en el que se les enfrenta a su propia metodología, acaban cortocircuitando debido a su falta de talento y espontaneidad. En definitiva, una personalidad débil y cobarde (puesto que, en mayoría, suelen ocultar su nombre y fotografía reales).

Es un rasgo que se repite, de paso, entre sus seguidores, que acaban replicando de forma inconsciente (o no) la orden que reciben de sus “líderes”.

Twitter como arma política

Su principal peligro reside cuando frivolizan con situaciones políticas terribles que ellos defienden y justifican con sus comentarios y, mediante la reiteración, acaban consiguiendo que sus seguidores asuman que esos comentarios son pertinentes.

Un buen ejemplo de esto último: Pablo Iglesias, líder político encumbrado por este tipo de gente, ve renacer hoy su pasado donde admitía, a propósito del terrorismo de ETA, que «hay determinados derechos que no se pueden ejercer en el marco de la legalidad española». Una frase escalofriante que, antes de Twitter, habría tenido un coste electoral carísimo en la intención de voto. Hoy, sin embargo, Pablo ha conseguido normalizar un pensamiento salvaje y propio del peor enemigo de la democracia, con ayuda de este grupo de usuarios tóxicos que, frivolizando con el asunto de forma reiterada y en formato “humorístico”, han conseguido que el terrorismo sea hoy, en la distancia y aprovechando que quedó atrás en la portada informativa en España, sea aceptado, al menos, en Twitter.

El paso del tiempo ha demostrado cómo muchos de ellos han acabado no sólo militando en partidos políticos, sino creando otros nuevos, como Podemos, que nació al calor del éxito de esta fórmula de propaganda política del siglo XXI.

Este caldo de cultivo se ha materializado también en medios de comunicación (Eldiario.es, Revista Mongolia, La Marea, etc.), que han visto cómo su mensaje político se ha complementado con otros grandes medios nacidos de forma abrupta bajo el generoso presupuesto de las arcas públicas de todos los países que orbitan en torno a este objetivo político: Telesur (América bolivariana), Russia Today (Rusia), Hispán TV (Irán), etc. Todos estos medios forman una enorme masa de consumo informativo masivo que acaba dominando la información y, por extensión, mueven poderes, como en su día El Mundo “derrocó” el gobierno de Felipe González.

Al menos en España, todo esto se ha convertido en una red tan compleja y difícil de discernir, que ha terminado por cegar a una palpable mayoría de personas que se ven en la situación de asumir que, si existen medios con líneas editoriales que defienden esta etapa del gobierno (ABC, La Razón, RTVE, etc.), estos otros medios tienen que ser necesariamente “libres”, ya que parecen estar diametralmente opuestos a los medios tradicionales que acabo de citar. La masa de votantes en España se ha polarizado al máximo, dibujando un escenario donde sólo cabe la izquierda o la derecha, el comunismo o el capitalismo, la revolución o la sumisión, la libertad o la pérdida de ella. Sin alternativas. Esta gran máquina conformada por opinadores, medios “alternativos” y partidos políticos, funciona como un reloj y se expande cada día a más velocidad, creando el sentimiento de desaprobación a quien no está incluido en esa masa.

Entre ellos se encuentran periodistas, políticos, “humoristas”, medios de comunicación, partidos, cuentas satíricas, etc. Una red de cuentas que tiene una característica común clara: la retroalimentación. Mediante un sistema endogámico que nadie concreto parece controlar, pero que sucede igualmente, acaban instalando entre sus seguidores (que suman la mayor masa de usuarios activos en España) un mensaje político común: derriba a ese partido y vota a este otro. Si no, estás perjudicando tu futuro bienestar.

¿Quiénes son?

Cuentas bloqueadas en Twitter

¿Qué hace aquí la cuenta de la poli? ¿Por qué está este, pero no aquel otro?

Esta es una captura de todas las cuentas que he bloqueado en mi timeline de Twitter para que no vuelvan a aparecerme nunca más. A pesar de no seguirles, a través de las personas a las que sigo, por desgracia, me los he tropezado en mi timeline durante años, día tras día, y sus comentarios, siempre repetidos, predecibles y llenos de caspa, me han llevado hace unas horas a tomar la acción en lo que a mí respecta y, de paso, plantear esto en mi blog como algo mucho más complejo, algo que trasciende el “humor” inocente y oculta (ya no tanto) un objetivo político tóxico basado en ideologías reaccionarias que beben de algunos de los países más nocivos del mundo. Otros, como @policia o algunos humoristas son, simplemente, redundantes y también inyectan esa antipática moral religiosa; ese “esto está bien y aquello está mal” que tanto gusta al resto de estrellas del paseo de la fama que forman el resto de la lista.

Estas cuentas, algunas ya grandes estrellas y “líderes de opinión” tienen, como sucede en cualquier aspecto que incluya ídolos y fans, grandes multitudes detrás que, en muchos casos, tratan de emular a sus líderes. En estos años he encontrado miles de usuarios en Twitter que responden a ciertos estímulos de una manera automática, como si estuviésemos hablando de miembros de una secta. En caso de que alguien emita un comentario que se oponga diametralmente a esta gran masa, se va a encontrar con un buen número de soldados que van a salir en defensa del proyecto de formas totalmente predecibles. Gente que ha vendido su pensamiento a la Obra, como si hablásemos del Podemos como el nuevo Opus Dei y Pablo Iglesias el Escrivá de Balaguer de la nueva política.

En un caso concreto, si se está contra Podemos, se es del PP o del PSOE. O facha. El dato más sangrante y que más preocupa desde un punto de vista de uso de Twitter como foco de información, es el creciente número de usuarios comunes que se han pasado al activismo político a tiempo completo. Gente que, en un ejemplo preciso, puede dedicar el 100% de su actividad en Twitter (o Facebook) a emitir mensajes en contra de el Partido Popular y todo lo que la Obra considere que pertenece a este “enemigo”. Personalmente, lo he visto en amigos y gente conocida que ha abandonado su personalidad y sus intereses diversos en Twitter, entregando su concentración al servicio militar de la Obra, llegando a confrontarme de manera automática por criticar sin tregua a Podemos en mi cuenta personal de Twitter. Una verdadera guerra civil que provoca un clima muy enrarecido en Twitter y que esta, como herramienta vital que es para el actual periodismo, acaba filtrándose en los medios tradicionales y, por extensión, a esa población mayoritaria que no utiliza Twitter.

¿A quién seguir en Twitter?

Si se busca información de actualidad, hay que acudir a las fuentes originales y a los medios que ven su imparcialidad menos afectada (cualquier medio de comunicación puede ser cuestionable por muchos puntos). En mi caso particular, para informarme de política escojo medios internacionales (la información sobre tu país siempre es más interesante vista desde fuera) con cierta tradición o seriedad:

También me gusta conocer la información de primera mano. Si me interesa la política, aprovechando el poder de Twitter, prefiero obtener la información directamente de sus protagonistas y ser yo quien la digiera y analice, en lugar de que otro usuario la procese por mí y me la devuelva en forma de papeleta:

Lo mismo con periodistas, políticos, profesionales de los medios de comunicación, etc. Hay que analizar a quién se sigue antes de seguirle. Evaluar a qué intereses responde y si consideramos que su información nos aporta algo positivo.

Hay que tomar control total sobre lo que se lee, porque muchos consumimos Twitter como medio de comunicación principal y casi único, y de la información que recibimos depende nuestra actual perspectiva del estado de las cosas y, por extensión, nuestra opinión. Es por eso que hay que aprender a detectar usuarios que orbiten en torno a objetivos que no resistan ciertos cuestionamientos. Esto ya se transforma, más que en habilidad política, en una cuestión psicológica y apela a la personalidad y a la permeabilidad de cada individuo. Y la mayoría de personas son altamente permeables a mensajes tan complejamente elaborados como el que he descrito.

Volviendo al objetivo de la herramienta que muchos usamos cada día, al igual que cuando comenzó, sigue siendo tan útil como uno quiere que sea. Twitter es una gilipollez sólo si la gente a la que sigues es gilipollas.

Actualización (10 de marzo)

El artículo ha corrido como la pólvora en apenas 12 horas. Las reacciones, obviamente, han sido las que predije con mi bola de cristal más arriba: como ha apuntado otro usuario, “que la chusma ladre prueba que he dado en el clavo“.

En un apartado de reacciones más positivas o interesantes, me gustaría mencionar la de Elio (@makoworks) por aportar su punto de vista (especialmente interesante):

Es interesante lo sucedido, puesto que hay una gran mayoría de personas que ven el origen de todo esto como ganas de llamar la atención y, en un caso más simpático, la búsqueda de seguidores.

“Asesinatos de la reputación”

Este tema en España es una pequeña muestra de lo que sucede en otros países y a gran escala, con distintas artes. Es el caso de Cuba (cuyo gobierno está ampliamente aceptado por buena parte de los usuarios que menciono arriba), donde esto se presenta en formato de terrorismo de Estado, donde el objetivo es destruir la reputación de una persona.

Esto se recoge en un libro que me recomendó anoche (en mitad de la “noche de misiles”) el periodista Joan Antoni Guerrero, especializado en asuntos cubanos: “El otro paredón: asesinatos de la reputación en Cuba“. Es interesante la temática, que conozco de cerca por estar informado de la política caribeña, y ayuda a entender el comportamiento que expongo en este artículo.

En mi caso, por suerte, es un pequeño revolú que no irá más lejos pero, ese mismo comportamiento, en otros países y con mayor artillería, condena al ostracismo a muchas personas.

Escrito por Hans Christian

freelance especialista en para blogs y proyectos de contenidos.